SÁNCHEZ ROMERO CARVAJAL Y Cía. La Revolución Industrial en el Sector del Cerdo Ibérico . 3ª Parte

Un modelo empresarial que propicia una auténtica revolución industrial en el sector del cerdo ibérico. Los orígenes de la Sociedad.

No puedo comenzar este escrito  si no es con al agradecimiento expreso y sincero a Enrique Carvajal Márquez , amigo de la familia , que por su edad y sus raíces  -nieto de uno de los fundadores-   es una de las personas que mejor conoce la historia de esta empresa. Enrique forma parte de esas grandes personas que no te dejan indiferente y que debemos atesorar en nuestra vida cuando con el tiempo somos capaces de valor  algo tan importante.

Fruto del conocimiento y la experiencia no sólo me transmitió una sabiduría patente en cada una de sus acertadas palabras  sino además  la bondad, el cariño y la honestidad sin sesgos con el que  me hizo partícipe de sus explicaciones.  Estas líneas nunca alcanzarán a cubrir esa gratitud  y ojalá  pongan en valor esta breve historia que cuenta privilegiadamente con su inestimable aportación.

Con el  presente escrito, como continuación de los publicados con anterioridad, vamos a tratar de explicar los inicios de la sociedad Sánchez Romero Carvajal y Cía. (actualmente Sánchez Romero Carvajal Jabugo SAU) , la composición de su accionariado y la importancia que tuvo en el primer cuarto del siglo XX en el desarrollo industrial relacionado con el cerdo ibérico como  promotor y pionero de esta verdadera revolución.

Para hacerlo vamos a considerar ciertas variables que están interrelacionadas y que justifican los movimientos que conformaron los inicios de la sociedad en un contexto muy concreto.

Un breve repaso nos obliga a ubicarnos en años anteriores a 1910, fecha de constitución de esta sociedad, donde el panorama económico de las localidades de Jabugo, El Repilado y los Romeros estaba formado por pequeñas economías familiares que ya canalizaban excedentes hacia mercados provinciales.  Tan sólo existían dos empresas consolidadas y claramente diferenciadas en cuanto a sus actividades: Sánchez Calvo y Cía. y Juan Manuel Moreno Márquez, ambas en el municipio de El Repilado, separadas entre sí por una vía pecuaria a escasos metros y que habían sabido aprovechar la llegada del ferrocarril a su paso por esta población.  Se colocaban en el punto de partida del sector y del valor añadido que este empezaba a generar.

Junto con estas empresas , que ya poseen edificios industriales, en la localidad de Jabugo destacaba por importancia Juan Rafael Sánchez Romero,  consolidado  como importante “chacinante” que , aunque no alcanzaba la dimensión y los procesos necesarios que hicieran más eficiente su actividad,  ya prospectaba la salida de sus productos a mercados provinciales muy incipientes.

Pero para entender la gran importancia de Juan Rafael Sánchez  tenemos que desplazarnos a la Cuenca Minera de Huelva que es donde comienza una parte esencial de la historia de la sociedad que posteriormente se constituyó y que se ha mantenido, al margen de su estructura societaria, hasta nuestros  días. Es importante por tanto seguir esta  secuencia y comprender la necesidad de establecer una relación temporal de los hechos.


Comenzamos con una figura importante y necesaria en la futura sociedad mercantil como es José Carvajal Bernal, un hombre humilde que llegó a ostentar una de las mayores riquezas en la provincia de Huelva (en 1917 encabezaba la lista de contribuyentes correspondiente a su localidad a nivel provincial )

José Carvajal , oriundo de Zalamea la Real era un  pequeño agricultor que vivía como muchos otros de lo que generaban pequeños huertos en  una economía básica de subsistencia y con escasos excedentes que derivaba a la venta.  Contrae matrimonio muy joven, a los 20 años, con una mujer de Jabugo llamada Isabel Pérez quedándose  viudo a una edad muy temprana y con una hija de  ambos.

José Carvajal Bernal

Unida a la necesidad de mantener  su pequeña familia contrae de nuevo matrimonio  en segundas nupcias con Dª Josefa Pérez de León Lorenzo-Serrano, una persona de “posibles” diferenciada socialmente en  Zalamea la Real  a pesar de ser una localidad donde no había grandes capitales. De esta matrimonio nacen cinco hijos: Francisca, Isabel, Enrique, Luis y Mariano.

En esos años se produce un gran acontecimiento. En 1873 se inicia la explotación de las Minas de Rio Tinto por parte de un consorcio inglés que adquiere los terrenos y derechos sobre ellos.  La importancia de esta actividad genera un importante valor añadido tanto en las necesidades de las explotaciones como en las necesidades de una población que crecía exponencialmente por la alta demanda de mano de obra.

José Carvajal aprovecha esa coyuntura y en una de las fincas asimiladas del segundo matrimonio crea  una pequeña fábrica de pólvora para el abastecimiento de la mina.

La bonanza de este incipiente negocio queda sesgada por la explosión de sus instalaciones en un fatal accidente que acabó además con la vida de unas 12 personas  dejando deudas a las que económicamente el matrimonio, sin ingresos recurrentes, no podían hacer frente.   Su esposa intenta  compensar los débitos pensando que  la manera más efectiva sería la puesta en venta en venta de las pequeñas fincas que poseían.  José Carvajal, sabedor de que era su medio de vida,  se opone a la venta de bienes gananciales que poseía del  matrimonio y decide buscar un trabajo que le permita mantener a su familia y cubrir de algún modo la hipoteca generada por su arruinado negocio.

En la relación mantenida con los ingleses por la venta de pólvora, estando considerado como hombre serio y fiable en ese tráfico comercial,  lo contratan como persona de confianza haciendo labores de “listero” (relación en el control de los obreros), en las primeras minas que ya había comenzado  su explotación.

La capacidad de José Carvajal en el trabajo unido a un amplio conocimiento de las tierras próximas a las minas le hace cesar en su relación laboral anterior con el consorcio minero inglés instalándose por su cuenta en la denuncia* de  derechos  de superficies pequeñas pero en un número muy significativo. En esa labor llega a ostentar la titularidad y explotación directa de una destacada Mina, Mina San Miguel, dando ocupación a  unos 300 obreros  y la gestión de su economato, tanto el de esta como la Mina Soloviejo que también se abastecía del mismo. (*- La Denuncia de los Derechos Mineros consistían en la inscripción y pago de tasas para obtener la titularidad de su explotación posterior, por lo que podían ser objeto de venta con unos cuantiosos beneficios caso de llevarse a cabo).

Los beneficios de la venta de derechos fueron tan grandes que en pocos años llegó a reunir unas 6.000 Hectáreas y manteniendo una relación muy buena con los ingleses, a los que incluso cedía gratuitamente el disfrute cinegético de una de sus fincas.

Al frente de sus dos principales negocios, minas y economatos por un lado y actividad ganadera por otro, coloca a dos de sus hijos Enrique y Luis respectivamente (la importancia de esta ganadería es también notable , José Carvajal la vendió años después a D. Álvaro Dávila y Agreda, Marqués de Villamarta, siendo un pilar esencial y una auténtica joya en la consolidación de su casta de toros de lidia)

Aparece entonces en estos años la figura de Manuel Romero Romero, un comerciante de Los Romeros de Jabugo, sin actividad industrial conocida pero con un vínculo familiar a la mujer de Juan Rafael Sánchez Romero,  que entonces ya venía ejerciendo su actividad.

Dedicado a la venta de tocinos y mantecas fundamentalmente  como elementos necesarios en la alimentación y conservación de esos años, establece algunas relaciones comprando estos productos en las localidades de Los Romeros y Jabugo  ( seguramente a los establecimientos de chacinas de Basilio y María y su hijo Juan Manuel así como  a Juan Rafael  con el que mantenía una relación de parentesco indirecto ) y canalizándolos con una buena visión comercial  a una importante población emergente en las minas, en sus economatos y en sus poblaciones colindantes.

En ese trasiego mercantil Manuel Romero se casa con Francisca, primogénita del segundo matrimonio de José Carvajal, quedándose en la localidad de Zalamea la Real y  trabajando con su cuñado Enrique en el economato de la mina San Miguel propiedad de la familia de José Carvajal.

En esos años previos  Juan Rafael Sánchez Romero, aprovechando además la relación con su primo Manuel,  había encontrado también en las Minas el principal destino de sus excedentes utilizando las importantes vías pecuarias que habían surgido de las explotaciones mineras. La demanda de los productos de primera necesidad que demandaban los obreros derivados del cerdo (tocinos grasas y embutidos principalmente)  y el conocido aguardiente de la localidad crecía exponencialmente a la par que la importancia de las minas (Como dato relevante la población de Rio Tinto multiplicó su población en muy pocos años : 1873 – año de inicio de la explotación minera era de 1.970 habitantes, 5.963 en 1.877 y 10.675 en 1.887 )

A pesar  de la bonanza económica de J. Rafael Sánchez incrementada con este lucrativo negocio, no había encontrado la forma de crear una industria tal y como ya había hecho  su amigo Juan Manuel Moreno Márquez en El Repilado y seguía manteniendo sus antiguas instalaciones en la calle Barco de Jabugo.

En ese periodo anterior a 1908 Manuel Romero hace ver a su suegro José Carvajal y a su cuñado Enrique la importancia y buen negocio que sería contar con una industria en Jabugo. La llegada del tren y la Electricidad a esas localidades ya estaba dando prosperidad a empresarios como Juan Manuel Moreno  o Santiago Sánchez que habían sabido anticiparse al valor de esas infraestructuras.

Era por tanto el momento propicio no sólo para mantener el abastecimiento de los economatos de las minas con los derivados del cerdo, sino también como un medio seguro de diversificar sus actuales actividades contando con Juan Rafael como principal valedor en el negocio por su amplio conocimiento y por su solvencia empresarial y económica.  Momento también coincidente con la venta por parte de José Carvajal de algunas de sus propiedades mineras a los ingleses antes del estallido de la primera guerra mundial en 1914, entre ellas San Miguel,  lo que le aporta una liquidez excepcional a la par que seguía manteniendo la propiedad de minas más pequeñas.

Londres. José Carvajal, a la derecha de la imagen  junto a su hijo Mariano en la venta de la mina San Miguel

José  Carvajal, que decide no entrar como socio en este negocio, valora todas estas circunstancias y accede  a prestar el aval para la construcción de la fabrica industrial de chacinas de Juan Rafael Sánchez  que, como verdadero promotor del proyecto, se reservaba un porcentaje del accionariado de la futura sociedad junto a su hijo Baldomero superior al 50 %. (de ahí la mención “y Cía.” en el sufijo del nombre de la empresa)

En esa posición de poder que le generaba la prestación de su aval pone una serie de condiciones,  que serían determinantes en el futuro de la empresa y que justificaron muchas de las actuaciones que posteriormente se llevaron a cabo.

La primera de ellas,  la entrada de su hijo Enrique en la gestión directa de la Sociedad junto con Baldomero Sánchez   por la amplia experiencia que este tenía en la gestión económica y contable previa de los economatos de la mina.

La segunda de ellas: que la ejecución del proyecto y dirección del mismo estaría a cargo de D. Francisco de Almeida Carvalhaes.

Francisco de Almeida es muy importante en esta historia. No solo es yerno de José Carvajal ,casado con su hija Isabel, sino un renombrado ingeniero procedente de una familia acomodada de Portugal, aún más conocido por ser el creador de grandes proyectos de las Minas gestionadas por el consorcio inglés y de otras infraestructuras  públicas y privadas.

José Carvajal, hombre inteligente y visionario, se garantizaba así que el proyecto no sería baladí . Se aseguraba una gestión del mismo con la confianza que le prestaba su primer hijo varón Enrique  además  de garantizarse que su yerno Francisco llevaría a cabo solventemente la construcción.

Rafael Sánchez Romero (centro) y Francisco A. de Carvalhaes a la derecha de la imagen (periodo 1908-1910)

La edificación del proyecto, según exigía José Carvajal, debía contar con los últimos avances aunque para ello hubiera que adquirirlos en el extranjero (Francia y Alemania entre otros ). No había límites tampoco en la compra de maquinaria porque entre sus prioridades estaba dotar una novedosa industria sin igual en España.  El la foto que acompaña a este párrafo aparecen Rafael Sánchez Romero (centro) y Francisco de Almeida  (derecha) en uno de esos viajes necesarios buscando todos aquellos avances técnicos y maquinaria  . Aunque la foto lleva escrito “Holanda” no hemos podido comprobar su procedencia ( fijándonos en el mástil de barco,  ese país junto con Alemania  tienen banderas con franjas horizontales a diferencia de Bélgica  o Francia que presenta franjas verticales ). Dejo al lector que desee indagar ese pequeño detalle pudiéndose fijar además en la estatua que aparece en la imagen ( muy parecida a la de Rubens en el Puerto de Amberes ).

Volviendo a nuestra historia imaginemos la importancia y la visión de este hombre sencillo y coherente en todo aquello que había se había propuesto y proyectado hasta entonces. Un hombre que no se amilanó ante a las adversidades y supo apostar por un sector que iba a ser estratégico dentro de la provincia, con relevo generacional y poniendo la confianza en hombres como Juan Rafael para emprender esta importante empresa prestándoles un cuantioso aval.

A partir de este momento establecemos una fecha clave, 20 Junio de 1908,  en la que  J. Rafael Sánchez Romero realiza la solicitud de licencia de obra al Ayuntamiento de Jabugo de la nueva fábrica en los términos en que ya transcribimos en la segunda publicación de la web www.jabu-go.com dedicada al desarrollo industrial en Jabugo. La Sociedad con forma jurídica acorde a la unión de esos intereses comunes se constituyó formalmente en la Notaría de Cortegana de D. Claudio  Sánchez Salazar en el año 1910 . En la imagen siguiente, de izquierda a derecha : Juan Rafael Sánchez Romero, Manuel Romero Romero, Enrique Carvajal Pérez de León, Baldomero Sánchez Sánchez.

 

 

Comenzaba así, en el año 1908,  la historia de una empresa que sería mundialmente conocida y un referente en todo el sector a nivel nacional tan sólo dos años después.

La empresa Sánchez Romero Carvajal y Cía. en sus primeros años

 

¿QUÉ HIZO A ESTA EMPRESA DIFERENTE DEL RESTO?

Al margen de una gestión profesional y un aumento de la eficiencia de todos los procesos, la fábrica cuenta con elementos muy novedosos que vamos a intentar destacar por su importancia.

La enorme superficie de la fábrica, superior a 2.000 m2,  permitía  de manera sostenible que la lluvia en meses de matanzas fuera aprovechada. La cubierta canalizaba adecuadamente el agua recogida de manera natural a enormes depósitos de contención de agua para no depender en gran medida del suministro propio de la localidad.

Esta agua se destinaba a la refrigeración de las cámaras donde se mantenía la conservación de los productos mejorando de manera notable todos los procesos que se venían llevando a cabo hasta entonces.  No cabe duda que esta es una de las principales novedades que hacen que estas instalaciones sean pioneras en el sector donde por primera vez se utilizan sistemas mecánicos de enfriamiento.

Se contaba igualmente con dos enormes calderas de agua, usadas también en el escaldado de los animales después de su sacrificio facilitando la eliminación del pelo y otras labores de limpieza.

Uno de los elementos más llamativos de estas calderas  formó parte de la vida de la población durante muchos años, me refiero a la conocida “vaca” que no era otro artilugio que un silbato de vapor que aprovechaba la presión del agua  en ebullición haciéndolo sonar para avisar a los trabajadores en el inicio y fin de la jornada, no sólo en Jabugo sino en localidades muy próximas donde se hacía fácilmente perceptible este sonido.  Particularmente lo recuerdo y me evoca algo entrañable porque significaba mucho más que poner hora a una jornada, llevaba aparejado un devenir de obreros que sabiamente daban forma a un producto tan importante.

También contaba con una sección independiente de fabricación de mantecas por el valor que tenía este producto no sólo en la alimentación sino en la conservación.

No quisiera ocupar mucho espacio enumerando todos los elementos novedosos de estas instalaciones y sus maquinarias, ya fueran manuales o accionadas por un revolucionario motor,  pero obviamente hicieron aumentar exponencialmente la eficiencia de los procesos en aquellos años donde se llegaron a sacrificar unos 30.000 animales en algunas temporadas.

Durante muchos años, esta empresa fue un referente no solo en ámbitos regionales sino nacionales alcanzando a mercados nunca prospectados anteriormente. Favorecidos por  la demanda constante de productos llegaron a mantener tres cebaderos para la estabulación y el engorde de los animales antes del sacrificio (Fregenal de la Sierra, Gerena y el propio Repilado) junto con la  compra de importantes fincas.

No sólo aquella bonanza económica benefició a la propia industria que era una auténtica “mina” generando beneficios,   sino que propició además que algunos hijos de  Juan Rafael Sánchez establecieran lazos conyugales con personas de grandes patrimonios procedentes de provincias y comunidades limítrofes.  Directamente en mayor o menor medida  empiezan a formar parte de la empresa e indirectamente, en ese ámbito, conformando el panorama social y económico de la época por la unión de esos capitales.

Pero esas circunstancias tan favorables dan un enorme giro que hizo cambiar definitivamente el destino de lo que comenzó siendo hasta entonces el proyecto más importante  en el plano industrial del sector del cerdo ibérico.

¿QUÉ ELEMENTOS PROPICIARON LA DECADENCIA DE ESTA INDUSTRIA?

Al margen de los intereses personales que pudieran derivar de esas relaciones conyugales y los negocios individuales de cada uno,  en los que no entraré para no caer en subjetividades que desvirtúen estas anotaciones, existen determinadas causas que motivaron el declive de esta industria y que pasamos a comentar destacando las más importantes:

Juan Rafael Sánchez Romero  en el año 1930 con la edad de 80 años hacía tiempo que había dejado la actividad confiando la gestión en su hijo Baldomero y Enrique Carvajal que había resultado efectivas y había dotado a esta empresa de la solvencia esperada cuando se pusieron los pilares de su negocio ( Juan R. Sánchez se separó de la sociedad de manera efectiva el 31 de Julio de 1937 )

Algunas decisiones tomadas años atrás por parte de la Sociedad, algunas de ellas dentro también de la gestión directa de Juan Rafael o de sus socios a título individual, pasaron una importante factura.

Una de ellas, si cabe la más significativa,  fue la pérdida de un pleito muy costoso por un préstamo que realizó  J. Rafael Sánchez a Manuel García seguramente para mitigar deudas que surgían de proyectos llevados a cabo por éste último como el famoso “Tiro de Pichón”.

Su principal socio Manuel Romero  llegó a embarcarse en otros proyectos especulativos que le acarrearon importantes pérdidas. En el año 1918 se aventuró a la compra de  chatarra procedente de la guerra de 1914 y  en incluso adquirió unos terrenos en Sevilla con la intención de ser urbanizados o ponerlos en explotación.  Como cuestión anecdótica, en aquellos terrenos de la zona conocida como “El Fontanal”,  se nombró como “Jabugo” una de las calles principales que se urbanizaron posteriormente.

Años después, el estallido de la Guerra Civil fue también determinante. En contra de lo que inicialmente pudiéramos pensar por la pobreza derivada del conflicto esa fatídica guerra fue el nido de oportunistas para obtener cuantiosas ganancias por el famoso estraperlo de los años de posguerra (que no debemos confundir con el contrabando fundamentalmente fronterizo).

El estraperlo consistía en vender productos normalmente de primera necesidad al margen de la intervención legal que se llevaba a cabo con las cartillas de racionamiento. Para entender  mejor su alcance e importancia, a modo de ejemplo y en comparación con zonas industriales costeras de la provincia,  algunos conserveros vendían “de estraperlo” el aceite que el gobierno les limitaba para sus conservas, así como otros dedicados a la elaboración de mermeladas haciendo uso del azúcar.

En la Sierra de Huelva, en ese contexto histórico, fue aprovechado por algunos industriales que con avidez supieron obtener cuantiosos beneficios escapando de esa intervención estatal. Dos zonas muy localizadas, El Repilado y Cumbres Mayores, utilizaron significativamente ese instrumento al contar ya con un buen número de establecimientos industriales. La guerra había provocado un importante empobrecimiento de la población pero también la existencia de “pudientes” que se permitían pagar un sobreprecio por productos que no estaban al alcance de todos en ese comercio al margen de la ley, de este modo  podían acceder desigualmente en función de su nivel adquisitivo a productos que cubrían necesidades muy básicas como el tocino, la manteca y los embutidos.

De ahí el enorme beneficio que se obtenía por los estraperlistas. En la información que he obtenido me llamó la atención la importante desviación en el juego de los precios: “ lo que se obligaba a entregar de tocino por las cartillas de racionamiento y que podría tener un valor en origen de 2 pesetas se vendía en el estraperlo a 25 pesetas” . Pensemos lo que implica multiplicar por más de 12 el beneficio que se esperaba obtener de un producto tan necesario.

Sánchez Romero Carvajal no puede escapar de este control estatal por una circunstancia muy desconocida para muchos por el paso de los años.  Para quien pueda recordar el muelle de carga situado en las proximidades de la carretera, en esa ubicación concreta se les obligó a cerrar una parte de esas instalaciones para el establecimiento permanente, desde el año 1939 a 1944, de un teniente coronel y un comandante. Esta intervención militar efectiva de la fábrica no permitió actividad de estraperlo alguna. Prácticamente en el “acuerdo” al que se llegó suavizaron el control de  las piezas más nobles y de menos “importancia” en detrimento del tocino como mercadería fundamental en el racionamiento y en la especulación.

En los difíciles años después de la guerra la empresa sufre otro importante revés . El tándem en la gestión llevado a cabo por Baldomero Sánchez y Enrique Carvajal, que no sólo funcionó en los primeros años de bonanza sino también en la limitación a maniobras especulativas de compras de fincas que se estaban produciendo en algunos socios se interrumpe con la muerte accidental en un caballo de este último.

Ese vacío se suple con otros gestores pero las circunstancias sobrevenidas y las  actuaciones posteriores no hicieron sino empeorar aún más la situación que ya se vivía y el declive de la empresa parecía que era imparable.

En esos difíciles años no se tomaron decisiones estratégicas que hubieran podido dar un importante giro a la empresa como pudo ser la incorporación de una flota de camiones o la renovación de la plantilla que era ya obsoleta no pudiendo  mejorar el rendimiento y por tanto la productividad. De esos 30.000 cerdos sacrificados se pasa a 6.000.

En palabras textuales que he podido rescatar en esta historia llegamos a una situación sin vuelta atrás: “Sánchez Romero se consume”, “la fábrica se muere sola”.

El punto y final de aquella prosperidad concluye con la liquidación y venta de la fábrica a una Cooperativa en el Junio de 1961 encabezada por dos gestores y  unos 200 ganaderos de la Sierra. De ahí hasta nuestros días, en un contexto económico muy distinto, se producen otras maniobras muchas veces especulativas en las que no entraré dejando ese espacio abierto a que otros que deseen desarrollarlo en el interés que pongan en reflejar esa otra parte de la historia. La “Sociedad Regular Colectiva Sánchez, Romero, Carvajal y Compañía”  se disolvió por acuerdo unánime de los socios herederos el 3 de enero de 1965.

Acabar con estas líneas parece ensombrecer una historia que yo particularmente he vivido con entusiasmo con la documentación,  los testimonios y argumentos encontrados.

No debía ser así. Es importante reflexionar y pensar en cómo se inició esta industria, hacer un importante ejercicio cerrando los ojos e intentando situarnos en los distintos escenarios en que fue desarrollándose esa secuencia temporal.  Espero que estas líneas pongan en valor el trabajo de Juan Manuel Moreno y los primeros emprendedores, la visión y capacidad de un hombre sencillo como José Carvajal;  de Juan Rafael Sánchez y su hijo Baldomero, Manuel Romero, Enrique Carvajal y muchos otros  que hicieron del sector del cerdo ibérico, de  la Sierra de Huelva y del medio de vida de mucha gente algo grande.

Al día de hoy y después de todos esos años, el grupo que lidera la marca emblemática de esta empresa ha sabido mantenerse dentro de unos criterios de calidad que le permiten alcanzar la excelencia de un producto que es mundialmente conocido.  En la actualidad, es elogiable el esfuerzo por conservar la tradición y los orígenes así como su  alto nivel de exigencia interviniendo y cuidando todas y cada una de las fases del proceso  dando como resultado  algo tan único y diferenciado.

Autor : José Sánchez Labrado 

Todos los derechos reservados . Aviso Legal . Jabu-go.com

 

.

Comparte este contenido en ....
Email this to someone
email
Print this page
Print
Share on Facebook
Facebook
Pin on Pinterest
Pinterest
Tweet about this on Twitter
Twitter

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar